Cuantas veces hemos sentido el impulso, la urgencia, la necesidad de se ser algo más de lo que hemos sido cada día? Es un sentimiento familiar que difícilmente es desconocido por alguien, sin embargo su origen individual puede ser muy diverso, para algunos surge del hastío, de una inconformidad tal con el propio ser que cualquier alternativa parece más atractiva, para otros surge de un conocimiento interno de que podemos ser y somos más, mucho más de lo que aparentamos ser.

La transfiguración es uno de los ideales y prácticas más antiguas de nuestra especie, desde el punto de vista de algunos una de sus más antiguas esquizofrenias, de cualquier forma, bien sea genética o culturalmente, a través de milenios se ha mostrado como uno de los aspectos inherentes de la naturaleza humana. Transfigurarse, transformarse, abandonar un estado de ser para entrar a otro. La cuestión es, transformarse en que?

Es ahí donde aparecen nuestros consentidos de hoy, Hombres lobo, Vampiros y Zombies, encantadores engendros que capturan la imaginación y retuercen las entrañas enviando delicioso impulsos fríos a lo largo de la espalda. Pero por qué desear ser cualquiera de ellos?

Tomemos a los vampiros, la clave del encanto vampírico se encuentra en el erotismo, el vampiro contemporáneo, aquel en el que nosotros pensamos es ante todo un vampiro cinematográfico, y toda la imaginería que absorbemos proviene de la pantalla, de ahí conocemos y codiciamos la seducción del vampiro, su capacidad sobrenatural y oscura de atraer automáticamente a cualquiera que se desee, dejándolo completamente inmerso en el acto de seducción, esclavizado por la mirada, carente de conciencia y de voluntad a no ser la de entregarse completamente. El máximo depredador sexual, quien no desearía esta capacidad a media noche en un bar cuando ha escogido su presa, la mirada no puede desviarse, la calidez del licor y el roce del humo del tabaco dejan de sentirse porque la conciencia es prisionera de la mente y lo ojos?

Pero más allá de su perfección el la seducción, el verdadero encanto vampírico se encuentra en la consumación de su cacería, la mordida del nosferatu es la suprema sublimación erótica, aquel orgasmo más allá del orgasmo que todo humano busca, disponible sin remordimientos para la más puritana de las conciencias, el éxtasis pleno sin necesidad de los limitantes de lo genital, sin barreras de tiempo o lugar, la rendición plena en el delicado acto de exponer el cuello, la unión de la penetración y la oralidad erótica en un acto simple y contundente, Eros y Thanatos danzando como si fueran uno solo।

Pero estas imágenes elegantes y estilizadas distan del vampiro tradicional, aquel que ha hecho parte de nuestras culturas por siglos antes del celuloide, el vampiro era por lo general grotesco, la carencia de vida y la necesidad de alimentación lo convertían en algo subhumano, un desagradable depredador cobarde que ataca sus victimas mientras duermen. El genial detalle de la mordida en el cuello la debemos a Bram Stocker, pero el vampiro tradicional, el de las historias populares que inspiraron al vampiro contemporáneo, chupaba la sangre por la nariz de sus víctimas o en el mejor de los casos mordiendo las venas de la pierna.

Veamos ahora el Zombie, Nuevamente es el cine el que introduce en nuestra mente la criatura, pero en este caso hablamos de un ser netamente cinematográfico, inventado para la pantalla, todo el subgénero zombie se lo debamos a George Romero y su Night of the living dead de 1968, cadáveres salen de las tumbas con el único propósito de comer cerebros vivos para soportar el dolor de su descomposición, punto.

Entretenido, pero poco más; una materialización del clásico fantasma, de la idea del muerto que vuelve a hacernos daño, probablemente del miedo de las conciencias culpables que sienten que el que aquel al que se le hizo mal haya muerto no soluciona el asunto, por el contrario empeora las cosas, pues si ha muerto no puedo atacarlo, y peor aun, no puedo defenderme।


El hombre lobo, esta es en verdad la más extraordinaria de las criaturas que ahora tratamos, el problema es que su recorrido cinematográfico ha sido bastante desafortunado, películas de poca calidad y muy pobres efectos han marcado la pauta del licántropo en la pantalla, encarnado por algún tipo grande con una rígida máscara plástica haciendo movimientos bruscos y acelerados, si, apesta, pero aún así el Hombre lobo a permeado nuestra conciencia y formado parte integral de nuestra cultura, pero… por qué?.

Plenitud, aquel estado de totalidad que hemos perdido entregándonos a la cultura. El vacío profundo que deja la aceptación de una descripción de la realidad limitante que nos lleva a ser herramientas prescindibles de un sistema de producción, seres aislados que obtienen su satisfacción dentro de estrictos patrones de interacción en círculos sociales estrechos. Eso somos, esa es la naturaleza y tragedia del hombre contemporáneo, y el hombre lobo es la negación de todo ello.

Si nunca a quedado embelezado una noche sintiendo como lo atraviesa la luz de la luna, como su radiancia afecta su cuerpo, mente y espíritu simultáneamente, de una forma extraña, pero definitivamente tangible, tal vez esto no tenga ara usted mucho sentido, pero si por lo menos desea en algún nivel que eso le ocurra y sea posible, el mundo se abre y recobra su brillo.

El viento frío en la piel, limpio, despertando los poros y llenando de lucidez, el suelo desnudo en la planta de los pies, hundiéndose y cosquilleando, suave hierba, roca firme y piedrecilla punzante. El propio peso une el cuerpo con la tierra y de esa unión surge fuerza, tanta fuerza que el cuerpo no puede contenerla y los pies despegan, la carrera es eterna y cada esencia, cada sonido, cada visión es nítida, como si se tomaran horas para percibirlas hasta su ultima consecuencia, la mente es libre, no la detienen definiciones ni presupuestos, solo percibe y sabe, sabe, no supone ni racionaliza priorizando la validez de las ideas según algún marco de referencia, sabe, pues la percepción hiere directamente la conciencia.

Entonces la sensación de un destino aparece, no un destino final sino el destino de la carrera, los músculos fluyen con tensión creciente, libres de dolor y cargados de placer, los pulmones son uno con el aire y el paso se acelera, hasta que se llega a la sima, la columna se curva, se eleva la cabeza y desde el lugar más interior, más profundo que el miedo o la vergüenza, que el dolor o el amor la sensación retumba, crece como una lenta onda explosiva, acariciando cada fibra, llega al cuerpo liberándolo y escapa como dulce sonido… el aullido… la noche reverbera.

Esa es la licantropía, no la simple bestia rabiosa que muerde y destripa, sino la plenitud de la voluntad, la perfección del sentir, la absoluta canalización del deseo y del intento; ahora si se canaliza ese intento en la cacería esta es plena y desinhibida. La ferocidad no es la cualidad que define al lobo, simplemente cuando la expresa lo hace de forma absoluta, al igual que expresa cualquier cosa.

Pero que importancia pueden tener todas estas fantasías pueriles? si lo único que nos acerca a estos seres son algunas películas de domingo y juegos simplones en línea. La cuestión es, que estos seres, gústenos o no, existen.

El vampiro existe, y ni siquiera necesita de la sangre para extraer la energía vital de una persona, no hablo de personas absorbentes o explotadoras, sino de aquellos capaces de extraer la vitalidad de otros para su propio uso, y pueden hacerlo hasta vaciar a una persona, dejándola tan débil que simplemente se agota su vida, he conocido personas que pueden hacer esto, y he visto hacerlo y lo he sentido, es cuestión de cada cual creerlo o no.

Lo zombies también existen, no los cadáveres devoradores de cerebro, sino aquellos creados en la islas, usando entre otras sustancias la neurotoxina del pez globo los brujos del caribe consiguen eliminar la conciencia de las personas, reduciendo sus ritmos vitales haciendo que requiera un mínimo de alimento y descanso y los usan como mano de obra esclava que obedece cualquier cosa que se le diga, estos son hechos médicos y sociales, no mitos urbanos, investiguen, confirmen.

Y en cuanto a la licantropía, la metamorfosis animal esta presente en casi toda cultura, ahora se cree que la licantropía medieval (del griego licos: lobo, antropos: hombre) era resultado de la ingestión de pan de centeno con hongos, y el hongo del centeno contiene sustancias que en el hombre resultan eteogenas o alucinógenas según se prefiere, es de este hongo que se sintetiza el LSD y otros tantos psicoactivos. pero esto no explica los hombres tiburón polinesios, los hombres pitón de la india, los hombres jaguar amazónicos ni todas las transformaciones de este tipo a las que se encuentra referencia a lo largo del mundo, es la transfiguración posible? lo es como mínimo a nivel de estado de conciencia, usando o no sustancias psicoactivas, mas allá de eso la transformación del cuerpo es algo que no puedo afirmar, aunque he escuchado testimonio de una científica inteligente y libre de supersticiones que afirma haber visto transformarse en jaguar a un hombre en el amazonas, el respeto que me inspira como profesional y a nivel personal me hace otorgarle el beneficio de la duda.

Hoy es halloween, hallow’s eve, noche de transfiguraciones, en que nos vamos a trasformar?