El fango se elevó sobre las arenas.
Transfigurado en torres y murallas.
Barro seco al sol que se hace pastor
de miríadas de sombras y de almas.

Ilusión de mármol y granito.
Falsas cuevas, cielos bajos.
El horizonte desaparece tras los muros
custodiado por esfinges y por gárgolas.

Sierpes planas cruzan la tierra
sosteniendo mundos en su espalda.
Bajo ellas un mar de estiércol y de ratas
envuelve a los invisibles, los guerreros, los parias.

Ciudad, bastarda del hombre.
Necrópolis cósmica, hogares y tumbas
de ancestros vivientes y muertos en vida
que danzan mezclándose con belleza sombría.

Tus reyes muertos y prostitutas.
Tus sabios dementes, tus perros, tus santas.
Sonríen tus niños y tus asesinos, tus soñadores y tus calzadas.
Acaricias con tu aliento a los que enfrentan la eternidad
golpeando su cuerpo y besando su alma.

Camilo Vásquez. Todos los derechos reservados 2005